LAS CARICATURAS COMO FUENTE CRIMINÓGENA
Por: Raúl Alamillo
Hace unos momentos tuve la oportunidad de ver on line la conferencia “Análisis criminológico de las caricaturas” dictada por el sociólogo y criminólogo Erick Gómez Tagle López en las instalaciones del Instituto Nacional de Ciencias Penales. Me ha parecido interesante, por lo que les comparto esta "relatoría".
El tema es abordado desde las siguientes premisas:
- La TV se ha convertido hoy en una “niñera electrónica”
- La TV ha convertido en espectáculo la tragedia humana
- Los mensajes repetitivos normalizan conductas violentas
Ejemplos de lo anterior son las siguientes caricaturas:
- Los Simpson presentan el alcoholismo y el maltrato infantil como una conducta “normal” en el personaje de Homero. Bart, quien se salva en cada episodio de morir ahorcado por su padre, es un niño orgulloso de sus bajas calificaciones, a la vez que se aburre siendo “normal”. Patty, hermana de Marge, odia a los hombres porque es lesbiana. Marge es la primera mujer-caricatura que sale en una portada de Playboy.
- Barbie, en sus inicios allá por los 60´s, tenpia pelo oscuro y estatura más baja…hoy responde a “los hombres las prefieren rubias.
- Johnny Bravo era un chico delgado y moreno, que al convertirse en rubio y fornido se vuelve narcicista, coqueto, atrapado en su superficialidad, como requisito para ser considerado atractivo para las mujeres.
- Los pitufos: a “Pitufina”, creada por Gragamel morena, tal “desgraciada” situación le genera ideas suicidas. Su situación se remedia por Papá pitufo quien la convierte en rubia. Al lider Papá pitufo (de quien su gorra roja hace alusión al colectivismo comunista) nadie le cuestiona, excepto el “pitufo filósofo” quien, al ser un elemento crítico y cuestionador, es considerado el tonto de la aldea.
- Pucca: es una niña que tendría 10 años, enamorada de Garu, un niño de 12 años, que presenta un tema de erotización y abuso (besos en la boca a cada momento en contra de la voluntad de Garu) de una niña a un niño el ponente hace la pregunta ¿qué diríamos como padres si nuestro hijo se sintiera acosado por una niña de su salón o escuela de esta manera?¿cómo se siente un niño que pasa por una situación similar? En esta tira cómica, tal situación es “normal”.
- Stewie Griffin (de la serie “Padre de familia”) es un niño de 1 año de edad, sádico sexual, zoofílico, que disfruta del alcohol y el tabaco, que busca matar a su madre y dominar el mundo, es decir, un matricida en potencia.
- Popeye es interpretado por el ponente como un drogadicto: consume una yerba verde (espinacas) con su pipa (?) y se vuelve un hombre fuerte. Oliva es una mujer anoréxica y Brutus encarna un pretendiente muy violento.
- Pedro picapiedra es un hombre que disfruta de atracones de comida (brontohamburguesas). Promueve la obesidad.
- Dragon Ball promueve el satanismo: el humano más poderoso en Mr. Satán y algunos personajes llevan el “símbolo de la bestia” en la frente en clara alusión al Apocalipsis bíblico. El maestro Roshi (anciano) es un efebófilo: está obsesionado con las adolescentes a las que espía constantemente. Se han censurado algunos de sus episodios.
- Mazinger Z: el barón “Ashler” es hermafrodito, lo que provoca que niñ@s se pregunten: ¿es hombre o mujer?¿cómo hace “pipí”?
- Eric Cartman, de South Park es xenófobo, burlón y disfruta disfrazarse de Hitkler.
- Kick Buttowsky es un niño de 11 años temerario e imprudente con acciones suicidas (deportes de alto riesgo)
- Ed, Edd y Eddy: Ed es un adolescente de inteligencia “subnormal” que vive entre la suciedad y restos de comida. Johnny, de 12 años, vive fuera de la realidad en compañía de su amigo “Tablón” (literalmente, un pedazo de madera).
- Kid vs. Kat: el niño Kid busca deshacerse del el Sr. Gato (crueldad a los animales).
El conferencista concluye diciendo que 8 de cada 10 delitos sexuales se comete por hombres, no teniendo tales conductas origen en la testosterona: es un elemento cultural, donde hemos aprendido que la mujer es un cuerpo para el placer, un objeto sexual. Además, también recuerda que el alcohol es un predisponente de la comisión de delitos, y que se ha reducido considerablemente la edad de inicio de concumo de alcohol y drogas. Recomienda acompañar a los niños a ver la TV y aclarar los temas complejos que pueden presentarse en las caricaturas, y advierte sobre un escenario preocupante: qué pasa si los padres son los que sostienen posturas racistas, sexistas, homofóbicas, etc?...
miércoles, 25 de julio de 2012
sábado, 14 de abril de 2012
ARTÍCULO 24 SÍ, ARTÍCULO 24 NO...
El trámite legislativo para que se apruebe la reforma al artículo 24 constitucional sólo espera que la mitad más uno de las legislaturas locales aprueben tal reforma para que ésta sea formalmente incorporada a la Carta Magna. Ni que decir que ríos de tinta han corrido desde que tal iniciativa fue promovida por un diputado priísta, generando manifestaciones populares, debates y comentarios en medios de comunicación y redes sociales, y hasta la toma de posición pública por parte del Ejecutivo a favor de dicha reforma.
Se dice que en una democracia, los ciudadanos participan de manera activa en el debate público, y que éste consiste en aportar razones y argumentos para dilucidar las controversias en cuestión. Y es éste el objetivo de esta colaboración: hacer un “recuento” de los argumentos que se han planteado en pro y contra de la multicitada reforma:
Iniciemos con la tesis:
LA REFORMA AL ARTÍCULO 24 DEBE SER RECHAZADA
ARGUMENTOS EN APOYO DE LA TESIS:
1. La expresión “libertad de convicciones éticas” supone proteger sólo a éstas y por tanto, implica la no-protección a las “libertades de convicción no-éticas”.
2. Ejercer tal libertad, tiene como supuesto que el Estado tendrá que pronunciarse en algún momento para efectos de determinar lo que corresponde al fuero interno de la conciencia subjetiva de cada persona (me hago cargo de la tautología): su sistema de creencias morales. Es decir, el Estado tendría facultades para determinar cuándo una convicción es ética o no.
3. El estado definirá una ética pública como referente a la cual habrá que adherirse.
4. Libertad de convicciones éticas y libertad de conciencia suponen una reiteración legislativa innecesaria. Además, la libertad de conciencia abre la puerta al reconocimiento de la figura jurídico-moral de la “objeción de conciencia”, lo que supondría que una persona está facultada para negarse a cumplir una norma si ésta contraviene sus convicciones morales.
5. Libertad de religión: supone abrir las puertas a otra serie de reformas que tengan como propósito introducir la enseñanza religiosa en sistema de educación pública. Además, nuestro país tiene un antecedente histórico de confrontación Iglesia-Estado que no podemos eludir.
CONTRA-ARGUMENTOS:
1. Parece que hay una confusión en lo que se entiende por “convicciones éticas”, ya que algún escrito “anti-reforma” pone por contraejemplos de convicciones éticas la eutanasia o el aborto, lo que a mi juicio revela una confusión semántica, ya que el estar a favor de la interrupción del embarazo o a favor de la eutanasia constituyen también convicciones éticas, que en este caso estarían en contra de las primeras.
Así, lo que la expresión “convicciones éticas” revela de fondo es que no toda convicción ética o moral se identifica necesariamente con una convicción religiosa, por lo que tal reforma declara y protege la libertad de los ciudadanos que no profesan una confesión religiosa y que por tanto, tienen convicciones éticas no religiosas que son igualmente dignas de protección.
2. (Respuesta a argumentos 2 y 3) En lo que toca al segundo argumento, parece que se responde con apoyo del anterior contrargumento: El Estado, a través de sus órganos jurisdiccionales resuelve sobre las controversias que se someten a su jurisdicción, no encontrándose entre ellas la “acción” o “juicio” de “declaratoria de convicciones éticas”. Un ejemplo de ello es precisamente el aborto, que fue resuelto -en los casos del DF y de BCS – aprobándose la reforma que lo despenalizaba en el caso del primero y dejando intocada la ley “anti-aborto” en el caso del segundo…tocante al argumento 3, el Poder Judicial tiene lo que quieran menos una “moral pública” de referencia contra la cual se contrastarán las “convicciones éticas” subjetivas (sino que alguien me explique la “contradicción” que supone al mismo tiempo la validez e invalidez del aborto en el mismo país).
El único criterio del Estado es –como no puede ser de otra manera- el de preservar la supremacía constitucional y de los tratados internacionales (al menos en materia de derechos humanos), la división de poderes, el pacto federal y la dignidad de la persona humana.
3. (Respuestas a 4 y 5) Si bien es razonable conceder la identificación de los enunciados “libertad de convicciones éticas” y “libertad de conciencia”, y por tanto su aparente e innecesaria reiteración, la distinción se hace pertinente cuando se parte de que la conciencia es el elemento fundamental de la persona humana, en donde se realizan y dirimen los conflictos y dilemas morales de toda persona, y que además constituye centralmente la dignidad humana, y ésta a su vez es fuente y fin de la protección constitucional de los derechos humanos, de donde el razonamiento cae por su propio peso: si la Constitución General protege fundamentalmente la dignidad humana, y la conciencia es parte nuclear de la dignidad humana, se infiere que la Constitución tiene como propósito fundamental la protección de la conciencia, en cuanto que fuente de dignidad humana.
Del razonamiento anterior se deduce que la objeción de conciencia (definida como la negativa de una persona a cumplir un mandato o norma concreta respecto a un hecho concreto alegando que contraviene sus convicciones morales) tendría que ser procedente en un Estado constitucional democrático. Plantear lo contrario sería propio de un Estado anacrónico donde la ley se debe cumplir a pesar de la dignidad humana. Quienes rechazan la objeción de conciencia como derecho argumentan a partir de la falacia de la “pendiente resbaladiza” diciendo que de aprobarse esta reforma veremos “miles” de personas por doquier negándose a cumplir determinadas leyes, situación que de hecho hoy sucede, pero no porque se haga uso de la objeción de conciencia, sino porque “a los mexicanos [católicos o no] nos gusta violar la ley, gozamos violando la ley”, como dijese en alguna conferencia el notable jurista Miguel Carbonell.
Además, en los países en que se ha aprobado la objeción de conciencia, éste –como cualquier derecho- no es absoluto en sus alcances: supone que el Estado debe establecer cuándo debe respetar al objetor de conciencia en su negativa a cumplir con un deber jurídico. Dicho lo anterior, hasta ahora los casos más comunes en los que se hace valer tal derecho en otros países son temas como la transfusión sanguínea, el aborto, el servicio militar, trabajar determinado día por motivos religiosos, en los que el Estado se asegura que el respeto al objetor de conciciencia no afecte los derechos de terceros, cuando sea el caso (v. gr. el derecho de una mujer a abortar).
4. La libertad religiosa supone la neutralidad del Estado –que se precie de democrático, y por tanto plural ideológicamente - sobre las creencias religiosas de las personas, es decir, el Estado no debe pronunciarse sobre la creencia religiosa o no de X persona, y además debe garantizar dicha libertad deshaciendo aquello que impida su ejercicio (profesar una fe, cambiar de credo religioso, renunciar a ella, no tener ninguna, no manifestarlo ante la autoridad si no se desea, salvo lo previsto en la ley).
Ahora bien, admitir que tal reforma es el paso previo a la invasión de la educación religiosa en el sistema de enseñanza pública, sería lo mismo que sospechar que la reforma al artículo 40 declarando a la República “laica” supone la puerta abierta a que el día de mañana las fuerzas jacobinas, ateas o anticristians o anticatólicas o todas juntas pugnen porque en nuestro país ninguna persona profesepúblicamente alguna creencia alguna en un ser superior, y que la enseñanza pública declare que tener una fe religiosa es signo de regresión cultural.
Soy consciente de que es posible y necesario un ulterior debate sobre el tema de la educación religiosa, pero confío en que –bajo un sano “utilitarismo de la regla” y no “del acto”, tendremos la capacidad de preguntarnos y responder en qué sociedad quisiéramos vivir, en una sociedad donde los padres puedan elegir que sus hijos tomen determinado curso de religión o de tradición religiosa indígena –pienso en pueblos originarios- y nunca como alternativa entre “religión o ciencia”, o en una sociedad en donde la educación pública asuma –como hoy- que la garantía de la libertad religiosa no pasa, ni debe pasar por la escuela pública, ni por otro esquema.
En lo que respecta al argumento de que “nuestro país no está preparado para una reforma de tal calado” admitirlo supone que existe una persona, organismo o institución facultada para declarar cuándo un país está “preparado” para determinados cambios, basándose fundamentalmente en nuestro pasado histórico, ya que -que a juicio de quienes así lo creen- que es el pasado el que debe determinar el futuro de nuestro país (si así ha sucedido históricamente, así debe continuar, léase confrontación Iglesia-Estado, Derecha-Izquierda, Conservadores-Liberales, Ricos-Pobres, etc.). De conceder tal razonamiento, tendríamos que declarar –por la misma razón- como un error colosal la reforma constitucional al artículo 1º en materia de derechos humanos, puesto que “no estamos preparados para ser sujetos de derechos humanos todavía”, y por tanto, tendríamos que admitir que el tema de derechos colectivos (medioambiente, cultura, paz, consumidores, etc) pueden esperar hasta que “estemos preparados” (¿)…entonces ¿qué fue lo que hizo que se concretara tal reforma?¿qué acaso no son las reformas las que en todo caso provocan que se realicen los cambios necesarios para estar “preparados”?...
Concluyo entonces con los argumentos de carácter jurídico formal (tan caros a los juristas) precisamente en apoyo a la reforma en materia de derechos humanos que ha hecho del artículo 1º constitucional, el más citado en los últimos tiempos:
- Constitución Política de los EUM: Art. 1º.- En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece.
(…)
- Declaración Universal de los Derechos Humanos: Art. 18.- Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
- Convención Americana de los DH: Artículo 12. Libertad de Conciencia y de Religión
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión. Este derecho implica la libertad de conservar su religión o sus creencias, o de cambiar de religión o de creencias, así como la libertad de profesar y divulgar su religión o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado.
2. Nadie puede ser objeto de medidas restrictivas que puedan menoscabar la libertad de conservar su religión o sus creencias o de cambiar de religión o de creencias.
3. La libertad de manifestar la propia religión y las propias creencias está sujeta únicamente a las limitaciones prescritas por la ley y que sean necesarias para proteger la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos o los derechos o libertades de los demás.
4. Los padres, y en su caso los tutores, tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.
- Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos: Artículo 18
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de tener o de adoptar la religión o las creencias de su elección, así como la libertad de manifestar su religión o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, mediante el culto, la celebración de los ritos, las prácticas y la enseñanza.
2. Nadie será objeto de medidas coercitivas que puedan menoscabar su libertad de tener o de adoptar la religión o las creencias de su elección.
3. La libertad de manifestar la propia religión o las propias creencias estará sujeta únicamente a las limitaciones prescritas por la ley que sean necesarias para proteger la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos, o los derechos y libertades fundamentales de los demás.
4. Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres y, en su caso, de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.
- La Convención sobre los Derechos del Niño: Art. 14.1.- Los Estados Partes respetarán el derecho del niño a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.
jueves, 29 de diciembre de 2011
VOTA POR PLATÓN PARA PRESIDENTE!!!
Elaborado por: Raúl Alamillo Gutiérrez
Iniciaré formalmente este espacio tratando de realizar un recorrido histórico-problemático sobre los principales filósofos de la política, buscando que no nos quedemos en una especie de “línea del tiempo historiográfica” (como una lista de “vidas y obras”). No sé si lo lograremos, pero por lo pronto parto de la línea de salida con la figura de Platón y sus ideas políticas vertidas en la República.
PLATÓN: “LA REPÚBLICA”
Aristocles, mejor conocido como Platón (por su ancha espalda, según se cuenta) nació en el 327 a.C. en una familia aristocrática de Atenas. Tal hecho ha dado pie a que se explique la crítica a la democracia ateniense que realizó el fundador de la Academia, aunque tal afirmación no se sostiene si consideramos que Aristóteles, proveniente de una cuna no aristocrática, y no nacido en Atenas, haya sido también un crítico del proyecto democrático ateniense.
Lo que es de sobremanera importante destacar es que Platón, siguiendo en esto a su maestro Sócrates, asumió la tesis de que no hay nada más noble en el ser humano que aspirar a la vida virtuosa, entendiendo ésta como la adquisición constante y progresiva del conocimiento del bien y la verdad a partir del ejercicio de la razón. Este planteamiento tiene a su vez un supuesto previo: la creencia de que existe una vida buena, feliz, que se constituye en un fin objetivo al cual alcanzar, no sólo para cada persona, sino también para el Estado. De hecho, la vida buena sólo se puede materializar en un “Estado bueno”. (1)
Por lo referido anteriormente, se puede entender, que no justificar, el hecho de que Platón concibiera que tal empresa virtuosa y sapiencial no esté al alcance del común de los mortales; estará reservada a una élite de personas que, a través de un largo y profundo proceso educativo, estarán en condiciones de gobernar el Estado platónico.
No puedo dejar de señalar que a Platón no le faltaban razones para abalanzársele al cuello a la democracia ateniense: es el gobierno del pueblo el que –siguiendo las normas procesales aprobadas democráticamente- había acusado y condenado injustamente a muerte a su estimadísimo maestro Sócrates, y la aparente estabilidad política democrática era resultado de enconadas luchas internas entre partidos y facciones y al interior de éstos en la carrera por el poder, lo que hacía que el Estado autoritario espartano fuera para algunos deseable frente a los continuos conflictos vividos en Atenas, conflictos que, dicho sea de paso, eran “permitidos” por la vida democrática.
Al final del día, parecía que la democracia no era una forma de gobierno que estuviera dispuesta a resistir los embates de los discursos críticos sobre los fundamentos teóricos de la vida política: la justicia, el bien y la verdad.
El proyecto educativo político adquiría así en Platón una importancia fundamental. Si había que revertir el caótico estado político de cosas imperante, era necesario empezar por educar a los futuros ciudadanos en el nuevo modelo político, propósito que se materializó a partir del 388 a.C con la fundación de la Academia, como un centro de formación para la virtud, es decir, para la ciudadanía del Estado platónico.
Las ideas políticas de Platón se localizan fundamentalmente en tres de sus diálogos: LaRepública, el Político y Las leyes. La República se enmarca dentro de sus obras de la madurez, aunque podemos matizar diciendo que es una obra de su “temprana madurez” si se permite la expresión. Posteriormente se ubica el Político y por último Las leyes, una obra que Platón empieza a escribir en la ancianidad, y que deja inacabada al morir en el 347 a.C., treinta años después de que hubo escrito la República.
Como ya he señalado, la República hace de la afirmación “la virtud se identifica con el conocimiento” la tesis-eje de toda su teoría política. Dicho planteamiento supone que existe un bien objetivo, accesible a la razón y que debe ser realizado. Además, sólo el sabio puede y debe tener acceso a tal conocimiento, por lo que la conclusión se impone: sólo el sabio puede acceder legítimamente al gobierno. Es así como Platón justifica la necesidad de un despotismo ilustrado para la consecución de los fines del Estado, puesto que son los sabios quienes en todo caso tienen la capacidad de conocer el fin del Estado.
La pregunta surge inmediatamente: ¿cuáles son los fines del Estado? A primera vista se podría aventurar la respuesta típica: el Estado platónico tiene como fin la realización de la justicia (respuesta que se justifica ante la injusta muerte de Sócrates, hecho que reveló la cara oscura de la democracia: la mayoría puede acordar y validar actos injustos, es decir, legales pero inmorales)…otra pregunta se hace presente: ¿qué es la justicia?...bien…antes de seguir hablando de Platón, parece necesario detenerse un poco en esta preguntas…pero ni en mi peor pesadilla se me puede ocurrir afirmar que responderé a éstas preguntasipso facto para poder seguir adelante…la razón de ello es que no tengo la respuesta, por lo que es el momento de decir que es en estos momentos donde adquiere sentido aquella frase de que “la filosofía no es otra cosa que notas al pie de página de la filosofía de Platón”.
Si hablamos de las preguntas o problemas de los que se ocupa la “filosofía o teoría política”(2) tenemos en las dos preguntas antes señaladas un primer referente para desgranar otras más: ¿qué es el Estado? ¿cómo es que se legitima un gobierno?¿cuál es el fin o los fines del Estado?¿qué es la justicia?¿qué es el poder?¿qué es el bien común, interés colectivo o voluntad general? ¿cuál es la mejor forma de gobierno? y un largo etcétera…
Bien, cierro este comentario para seguir con nuestro amigo Platón. El fundador de la Academia sabe que la sociedad en su Estado ideal vive en una constante satisfacción recíproca de necesidades y servicios, por lo que será necesario que cada ciudadano asuma su rol o función que le corresponde para que la sociedad funcione como un reloj suizo…¿cómo se logra esto? Bien, pues el buen Platón establecerá 3 clases sociales: los sabios o filósofos, los guerreros y los productores. A los primeros les corresponde gobernar a todos los ciudadanos y educar a los que en su momento les sucederán en el gobierno, a los segundos defender la ciudad y salvaguardar el orden interno, y a los últimos producir los insumos alimenticios y de cualquier tipo para la vida de la sociedad. Si cada estamento socio-laboral cumple su rol, estaremos materializando un estado justo, es decir, armónico.
Es interesante comentar que estas tres clases sociales son una expresión análoga de los tres “tipos” de alma que cada persona tenemos según la psicología platónica. A cada alma le corresponde una virtud: al alma racional la prudencia, al alma irascible la fortaleza y a la concupiscible la templanza. De esta manera, el gobernante se distinguirá por su facultad racional y la prudencia, el guerrero por su fortaleza y valor, y el productor por la templanza.
En la República Platón nos ofece su teoría de las formas de gobierno: la aristocracia (aristos: gobierno de los mejores, los sabios) es la mejor forma de gobierno, le siguen la monarquía y la democracia (ésta última como la “menos buena” y a la vez como la menos “mala) con sus correspondientes contrapartes o formas viciadas: una aristocracia viciada se convierte en una oligarquía (oligos: pocos, gobierno de unos pocos ricos) o en una timocracia (timo: energía, fuerza, gobierno basado en la necesidad de honor y gloria de sus gobernantes); la monarquía degenera en tiranía, y la democracia es vista por Platón como “una organización política agradable, anárquica y polícroma que asigna igualdad similarmente a las cosas iguales y a las desiguales”. Como nota aclaratoria, hay que decir que para Platón es la democracia, con su “excesiva libertad” la que provoca el paso a la anarquía, y ésta a su vez propicia el surgimiento de un caudillo que se transforma en tirano (vaya, me viene a la mente Libia, Egipto y hasta nuestro proceso revolucionario…).
Quedan todavía cosas por decir sobre las ideas políticas de Platón vertidas en laRepública…sin embargo, me quedo con esta primera “entrega” esperando en una siguiente abordar a grandes rasgos las otras dos obras políticas, el Político y Las leyes, y concluir con algunas notas “aclaratorias” que permitan prevenirnos ante los comprensibles prejuicios que pueden surgir ante la República. La idea no serpa en todo caso justificar las ideas políticas de Platón, pero sí ponerlas en contexto y buscar que sean antes que justificadas, comprendidas.
NOTAS:
(1) Tal afirmación se desprende de su teoría del conocimiento, la cual parte de concebir un mundo “terrenal” donde existen los objetos como imitación de los entes verdaderos, esencias, formas, ideas o modelos de los cuales las cosas del mundo son copias. Las ideas ejemplares de las cosas del mundo habitan en el mundo “celestial” (donde también existe la idea suprema de Bien) y al cual sólo se accede con el conocimiento racional, científico (epistémico), opuesto al supuesto conocimiento “opinológico” (doxográfico) que parte del mundo terrenal.
(2) Asumiré para este texto como sinónimos teoría y filosofía de la política; ya habrá ocasión de hincarle el diente a este debate terminológico y epistemológico
BIBLIOGRAFÍA:
- Sabine, George (2000) Historia de la teoría política. México: FCE
- Abad, Juan José y Díaz, Carlos (1996) Historia de la filosofía. México: McGraw Hill.
- Platón, La República.
NB: Se aceptan colaboraciones para seguir esta "hoja de ruta". La historia de las ideas políticas es larga y aún sigue su camino…
Iniciaré formalmente este espacio tratando de realizar un recorrido histórico-problemático sobre los principales filósofos de la política, buscando que no nos quedemos en una especie de “línea del tiempo historiográfica” (como una lista de “vidas y obras”). No sé si lo lograremos, pero por lo pronto parto de la línea de salida con la figura de Platón y sus ideas políticas vertidas en la República.
PLATÓN: “LA REPÚBLICA”
Aristocles, mejor conocido como Platón (por su ancha espalda, según se cuenta) nació en el 327 a.C. en una familia aristocrática de Atenas. Tal hecho ha dado pie a que se explique la crítica a la democracia ateniense que realizó el fundador de la Academia, aunque tal afirmación no se sostiene si consideramos que Aristóteles, proveniente de una cuna no aristocrática, y no nacido en Atenas, haya sido también un crítico del proyecto democrático ateniense.
Lo que es de sobremanera importante destacar es que Platón, siguiendo en esto a su maestro Sócrates, asumió la tesis de que no hay nada más noble en el ser humano que aspirar a la vida virtuosa, entendiendo ésta como la adquisición constante y progresiva del conocimiento del bien y la verdad a partir del ejercicio de la razón. Este planteamiento tiene a su vez un supuesto previo: la creencia de que existe una vida buena, feliz, que se constituye en un fin objetivo al cual alcanzar, no sólo para cada persona, sino también para el Estado. De hecho, la vida buena sólo se puede materializar en un “Estado bueno”. (1)
Por lo referido anteriormente, se puede entender, que no justificar, el hecho de que Platón concibiera que tal empresa virtuosa y sapiencial no esté al alcance del común de los mortales; estará reservada a una élite de personas que, a través de un largo y profundo proceso educativo, estarán en condiciones de gobernar el Estado platónico.
No puedo dejar de señalar que a Platón no le faltaban razones para abalanzársele al cuello a la democracia ateniense: es el gobierno del pueblo el que –siguiendo las normas procesales aprobadas democráticamente- había acusado y condenado injustamente a muerte a su estimadísimo maestro Sócrates, y la aparente estabilidad política democrática era resultado de enconadas luchas internas entre partidos y facciones y al interior de éstos en la carrera por el poder, lo que hacía que el Estado autoritario espartano fuera para algunos deseable frente a los continuos conflictos vividos en Atenas, conflictos que, dicho sea de paso, eran “permitidos” por la vida democrática.
Al final del día, parecía que la democracia no era una forma de gobierno que estuviera dispuesta a resistir los embates de los discursos críticos sobre los fundamentos teóricos de la vida política: la justicia, el bien y la verdad.
El proyecto educativo político adquiría así en Platón una importancia fundamental. Si había que revertir el caótico estado político de cosas imperante, era necesario empezar por educar a los futuros ciudadanos en el nuevo modelo político, propósito que se materializó a partir del 388 a.C con la fundación de la Academia, como un centro de formación para la virtud, es decir, para la ciudadanía del Estado platónico.
Las ideas políticas de Platón se localizan fundamentalmente en tres de sus diálogos: LaRepública, el Político y Las leyes. La República se enmarca dentro de sus obras de la madurez, aunque podemos matizar diciendo que es una obra de su “temprana madurez” si se permite la expresión. Posteriormente se ubica el Político y por último Las leyes, una obra que Platón empieza a escribir en la ancianidad, y que deja inacabada al morir en el 347 a.C., treinta años después de que hubo escrito la República.
Como ya he señalado, la República hace de la afirmación “la virtud se identifica con el conocimiento” la tesis-eje de toda su teoría política. Dicho planteamiento supone que existe un bien objetivo, accesible a la razón y que debe ser realizado. Además, sólo el sabio puede y debe tener acceso a tal conocimiento, por lo que la conclusión se impone: sólo el sabio puede acceder legítimamente al gobierno. Es así como Platón justifica la necesidad de un despotismo ilustrado para la consecución de los fines del Estado, puesto que son los sabios quienes en todo caso tienen la capacidad de conocer el fin del Estado.
La pregunta surge inmediatamente: ¿cuáles son los fines del Estado? A primera vista se podría aventurar la respuesta típica: el Estado platónico tiene como fin la realización de la justicia (respuesta que se justifica ante la injusta muerte de Sócrates, hecho que reveló la cara oscura de la democracia: la mayoría puede acordar y validar actos injustos, es decir, legales pero inmorales)…otra pregunta se hace presente: ¿qué es la justicia?...bien…antes de seguir hablando de Platón, parece necesario detenerse un poco en esta preguntas…pero ni en mi peor pesadilla se me puede ocurrir afirmar que responderé a éstas preguntasipso facto para poder seguir adelante…la razón de ello es que no tengo la respuesta, por lo que es el momento de decir que es en estos momentos donde adquiere sentido aquella frase de que “la filosofía no es otra cosa que notas al pie de página de la filosofía de Platón”.
Si hablamos de las preguntas o problemas de los que se ocupa la “filosofía o teoría política”(2) tenemos en las dos preguntas antes señaladas un primer referente para desgranar otras más: ¿qué es el Estado? ¿cómo es que se legitima un gobierno?¿cuál es el fin o los fines del Estado?¿qué es la justicia?¿qué es el poder?¿qué es el bien común, interés colectivo o voluntad general? ¿cuál es la mejor forma de gobierno? y un largo etcétera…
Bien, cierro este comentario para seguir con nuestro amigo Platón. El fundador de la Academia sabe que la sociedad en su Estado ideal vive en una constante satisfacción recíproca de necesidades y servicios, por lo que será necesario que cada ciudadano asuma su rol o función que le corresponde para que la sociedad funcione como un reloj suizo…¿cómo se logra esto? Bien, pues el buen Platón establecerá 3 clases sociales: los sabios o filósofos, los guerreros y los productores. A los primeros les corresponde gobernar a todos los ciudadanos y educar a los que en su momento les sucederán en el gobierno, a los segundos defender la ciudad y salvaguardar el orden interno, y a los últimos producir los insumos alimenticios y de cualquier tipo para la vida de la sociedad. Si cada estamento socio-laboral cumple su rol, estaremos materializando un estado justo, es decir, armónico.
Es interesante comentar que estas tres clases sociales son una expresión análoga de los tres “tipos” de alma que cada persona tenemos según la psicología platónica. A cada alma le corresponde una virtud: al alma racional la prudencia, al alma irascible la fortaleza y a la concupiscible la templanza. De esta manera, el gobernante se distinguirá por su facultad racional y la prudencia, el guerrero por su fortaleza y valor, y el productor por la templanza.
En la República Platón nos ofece su teoría de las formas de gobierno: la aristocracia (aristos: gobierno de los mejores, los sabios) es la mejor forma de gobierno, le siguen la monarquía y la democracia (ésta última como la “menos buena” y a la vez como la menos “mala) con sus correspondientes contrapartes o formas viciadas: una aristocracia viciada se convierte en una oligarquía (oligos: pocos, gobierno de unos pocos ricos) o en una timocracia (timo: energía, fuerza, gobierno basado en la necesidad de honor y gloria de sus gobernantes); la monarquía degenera en tiranía, y la democracia es vista por Platón como “una organización política agradable, anárquica y polícroma que asigna igualdad similarmente a las cosas iguales y a las desiguales”. Como nota aclaratoria, hay que decir que para Platón es la democracia, con su “excesiva libertad” la que provoca el paso a la anarquía, y ésta a su vez propicia el surgimiento de un caudillo que se transforma en tirano (vaya, me viene a la mente Libia, Egipto y hasta nuestro proceso revolucionario…).
Quedan todavía cosas por decir sobre las ideas políticas de Platón vertidas en laRepública…sin embargo, me quedo con esta primera “entrega” esperando en una siguiente abordar a grandes rasgos las otras dos obras políticas, el Político y Las leyes, y concluir con algunas notas “aclaratorias” que permitan prevenirnos ante los comprensibles prejuicios que pueden surgir ante la República. La idea no serpa en todo caso justificar las ideas políticas de Platón, pero sí ponerlas en contexto y buscar que sean antes que justificadas, comprendidas.
NOTAS:
(1) Tal afirmación se desprende de su teoría del conocimiento, la cual parte de concebir un mundo “terrenal” donde existen los objetos como imitación de los entes verdaderos, esencias, formas, ideas o modelos de los cuales las cosas del mundo son copias. Las ideas ejemplares de las cosas del mundo habitan en el mundo “celestial” (donde también existe la idea suprema de Bien) y al cual sólo se accede con el conocimiento racional, científico (epistémico), opuesto al supuesto conocimiento “opinológico” (doxográfico) que parte del mundo terrenal.
(2) Asumiré para este texto como sinónimos teoría y filosofía de la política; ya habrá ocasión de hincarle el diente a este debate terminológico y epistemológico
BIBLIOGRAFÍA:
- Sabine, George (2000) Historia de la teoría política. México: FCE
- Abad, Juan José y Díaz, Carlos (1996) Historia de la filosofía. México: McGraw Hill.
- Platón, La República.
NB: Se aceptan colaboraciones para seguir esta "hoja de ruta". La historia de las ideas políticas es larga y aún sigue su camino…
jueves, 15 de septiembre de 2011
CURSO-TALLER DE ACTUALIZACIÓN: "PROBLEMAS ÉTICOS CONTEMPORÁNEOS"
HORA: 17:00 - 20:00
LUGAR: EDIFICIO DE C. SOCIALES Y HUMANIDADES UAN (AULA A CONFIRMAR)
Filosofia UAN
Fechas: 21, 22, 28, 29 de sep. y 5,6,12, 13 de oct. de 17 a 20 hrs.
Dirigido a: Docentes UAN, egresados UAN y Profesores de Instituciones de Educación Básica, Media Superior y Superior.
- Se expedirá constancia
- No tiene costo.
OBJETIVO: Exponer y analizar críticamente un enfoque panorámico sobre los principales problemas concernientes a la ética y sus dilemas actuales principales.
METODOLOGÍA: Exposiciones teóricas, diálogo socrático y análisis de casos.
MÓDULO I:Introducción al problema de la moral
MÓDULO II: Teorías éticas
MÓDULO III: Problemas éticos contemporáneos
CONVOCA: Programa Académico de Filosofía UAN
PRE-REGISTRO AL @: coordinación_filosofía@hotmail.com
LUGAR: EDIFICIO DE C. SOCIALES Y HUMANIDADES UAN (AULA A CONFIRMAR)
Filosofia UAN
Fechas: 21, 22, 28, 29 de sep. y 5,6,12, 13 de oct. de 17 a 20 hrs.
Dirigido a: Docentes UAN, egresados UAN y Profesores de Instituciones de Educación Básica, Media Superior y Superior.
- Se expedirá constancia
- No tiene costo.
OBJETIVO: Exponer y analizar críticamente un enfoque panorámico sobre los principales problemas concernientes a la ética y sus dilemas actuales principales.
METODOLOGÍA: Exposiciones teóricas, diálogo socrático y análisis de casos.
MÓDULO I:Introducción al problema de la moral
MÓDULO II: Teorías éticas
MÓDULO III: Problemas éticos contemporáneos
CONVOCA: Programa Académico de Filosofía UAN
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viernes, 8 de julio de 2011
¿De qué va la filosofía?
A manera de “artículo de opinión”, quisiera compartir la respuesta que a esta pregunta ofrece el filósofo británico de Cambridge, Simon Blackburn en la introducción a su obra de divulgación filosófica Pensar. Una incitación a la filosofía (2001, Barcelona: Paidós Ibérica).
El filósofo inglés destina su libro a las personas que en algún momento de su vida se han detenido a reflexionar sobre ciertas preguntas radicales acerca del “conocimiento, la razón, la mente, la libertad, el destino, la identidad, Dios, la bondad, la justicia” (p.11). Para nuestro autor, dichas interrogantes surgen –al modo aristotélico, en el sentido de que “todo hombre desea conocer por naturaleza”- de manera natural (particularmente no sé si sea un hecho verificable o verificado, el que esas preguntan surjan de esta manera; aunque es irrelevante si consideramos que naturales o no, o naturales y construidas o no, son cuestiones que a más de uno lo han llevado al suicidio). Además son estas preguntas las que de alguna u otra manera “estructuran nuestra forma de pensar acerca del mundo y acerca del lugar que ocupamos en él” (p. 11).
Dicho esto, Blackburn parte de un “lugar común” que nadie en el “gremio de la filosofía” quisiéramos admitir: que en contextos no académicos, la sola palabra “filosofía” basta para que la asociemos con improductividad, inutilidad, esoterismo y hasta la famosa no-pertinencia (laboral, para efectos del “gran mercado”). Ante esta desafortunada situación, el filósofo de Cambridge proclama:
El filósofo estudia la estructura del pensamiento del mismo modo en que el ingeniero estudia la estructura de los objetos materiales (…) Éste es también nuestro objetivo cuando investigamos las estructuras que configuran nuestra visión del mundo. Nuestros conceptos o ideas constituyen el edificio mental en que vivimos. Puede que nos sintamos orgullosos de las estructuras que hemos construido, o bien podemos convencernos de que debemos desmantelarlas y empezar otra vez desde los cimientos. Pero antes que nada debemos saber en qué consisten.
Para el autor comentado, las preguntas fundamentales que de repente surgen en el momento menos pensado, se pueden clasificar en preguntas que nos hacemos acerca de nosotros mismos:
¿Qué soy?¿qué es la conciencia?¿puedo sobrevivir a mi muerte corporal?¿tengo certeza de que las experiencias y las sensaciones de los demás son como las mías? (…) ¿actuamos siempre de forma egoísta? ¿acaso soy una especie de títere que cree actuar libremente cuando en realidad sus actos están programados?,(…) preguntas acerca del mundo: ¿por qué existe algo y no la nada? (…) ¿por qué hay regularidades en la naturaleza? ¿presupone el mundo un Creador? (…). Finalmente, también hay preguntas acerca de nosotros y el mundo: ¿cómo podemos estar seguros de que el mundo es tal como creemos que es?¿qué es lo que convierte un campo de investigación en una ciencia? (…) ¿de dónde proviene nuestro conocimiento de los valores y los deberes?¿cómo podemos saber si nuestras opiniones son objetivas o meramente subjetivas?
El grave problema de estas interrogantes no es lo que preguntan, y tal vez ni siquiera la respuesta; el asunto aquí es saber a dónde dirigirnos para encontrar sus respuestas. Para nadie es desconocido que preguntas científicas “ordinarias” como ¿por qué existen los terremotos? Tienen respuesta a partir de que sabemos que dicha pregunta es susceptible de ser tratada y respondida a partir del quehacer científico, basado en la observación y la experimentación, por lo que a estas alturas nos habremos dado cuenta de que no sucede lo mismo con las preguntas filosóficas.
A la pregunta ¿de dónde surgen estas preguntas tan desconcertantes?, nuestro autor responde “de la autorreflexión”, entendiendo por ésta la capacidad del ser humano de reflexionar sobre sí mismo, sobre sus propios pensamientos. De esta manera “podemos preguntarnos si lo que decimos es <> cierto o, sólo el resultado de la perspectiva que adoptamos, de nuestra forma de enfocar la situación” (p. 14). En este sentido, podemos ya apuntar que alguna de las pretensiones de la filosofía es mostrar que no pocas veces los conocimientos científicos y nuestros propios conocimientos conocimientos y/o creencias sobre el ser humano, sobre el mundo, sobre la política, la sociedad, la religión, la economía, etc. tienen áreas débiles en su fundamentación: ambigüedades, confusiones, errores, pseudoargumentos, etc. Blackburn resume magistralmente lo anteriormente señalado con estas palabras que no tienen desperdicio: “…nuestras ideas y conceptos se pueden comparar con las lentes a través de las cuales vemos el mundo. En filosofía, el objeto de estudio es la lente en sí misma” (p.15) (el resaltado es nuestro).
Autorefutándose, el filósofo que nos ocupa plantea una cuestión que seguramente más de alguno nos la hemos hecho: ¿es acaso la reflexión lo que mundo?, es decir, nadie daría un quinto a nadie para que se dedique a “reflexionar”, al menos que como producto de la reflexión un solo niño se libre de morir por hambre…Blackburn nos ofrece 3 respuestas (“niveles de abstracción”, les llama) para justificar la necesidad de la autorreflexión:
La respuesta de “alto nivel abstractivo” es simple: reflexionamos porque necesitamos conocernos, comprendernos a nosotros mismos y necesitamos comprender y conocer lo que nos rodea…como se decía antes: necesitamos conocer la verdad profunda del ser humano y el cosmos.
Sobre esta respuesta, Blackburn está consciente que es una respuesta que no resulta muy convincente, y por lo mismo, está destinada para aquellos que ya tienen medio camino andado en las “oscuras artes de la filosofía”.
La respuesta de nivel medio parte de la premisa de que teoría y práctica son dos fases de una misma realidad, de tal manera que lo que pensamos influye sobre lo que hacemos, sobre el modo de hacerla, y hasta si haremos tal cosa o no. Un ejemplo bastante ilustrativo es el propuesto por el autor y que parafraseo: un cristiano –esforzado por ser coherente- que piensa que existe una vida después de la muerte corporal, seguramente estará dispuesto a soportar ciertos sufrimientos causados por la enfermedad o por la desgracia económica, con la esperanza de que los momentos de dolor son parte del proceso vital de cada persona. Cosa distinta podrá suceder con un ateo, quien al pensar que no hay más vida que la que tenemos, y que tal vida se debe vivir en lo posible sin dolor, decida que es tiempo de morir.
La respuesta de nivel bajo –como la llama el filósofo de Cambridge- plantea que la reflexión filosófica nos ayuda para estar alerta y denunciar, a partir del ejercicio crítico de la razón, a todos aquellos, personas e instituciones, que insisten en decirnos lo que debemos pensar y/ o creer, cuál es la religión que debemos profesar, qué tipo de gobierno nos conviene, que modelo económico y social debemos adoptar, ya que ellos saben qué es “lo mejor” para nosotros.
Otra cuestión de la que debemos tomar nota es que las preguntas filosóficas generalente no son bienvenidas. El temor de que queden descubiertos ciertos errores en algún edificio ideológico es grande, “las ideologías se convierten en círculos cerrados, siempre a punto para responder con indignación ante la mente inquisidora” (bueno, con respecto al tema de las ideologías, no está demás decir que algunos filósofos latinoamericanos consideran que ya la filosofía supone un punto de partida ideológico).
Simón Blackburn concluye confesándose respetuoso de la tradición y sospechoso de “cualquier escepticismo moderno o posmoderno sobre el valor de la reflexión” (lo que, prima facie, parecería contradictorio con las razones que aduce para justificar la propia reflexión filosófica):
La tradición filosófica (…) ha identificado la autorreflexión crítica con la libertad, de acuerdo con la idea de que sólo desde una adecuada comprensión de nosotros mismos podemos controlar la dirección en la que queremos ir. Sólo cuando contemplamos con prudencia nuestra propia situación, y la contemplamos como un todo, podemos comenzar a pensar en cambiarla.
Sin duda alguna, las razones por las que el filósofo del Reino Unido justifica la necesidad de la reflexión filosófica, parte de la premisa de que es sólo la filosofía la que tiene lo necesario para ofrecernos herramientas que nos permiten detectar, describir, analizar, desmontar, comprender y hasta proponer cambios en nuestra visión y sentido constitutivos del mundo que hemos ido construyendo al paso de los siglos. Nunca estará demás hacer un alto en el camino y someter a “escaneo” y análisis filosófico nuestras propias creencias, valores e ideas que sobre el mundo, sobre Dios y sobre nosotros mismos nos hemos hecho, para saber de dónde han venido, en qué consisten y qué tan fundamentadas están…aunque sospecho que para que tal ejercicio tenga éxito, necesitaremos algún(@s) interlocutor@s...tal vez porque la filosofía nació con una dimensión dialógica como parte constituva de la misma.
El filósofo inglés destina su libro a las personas que en algún momento de su vida se han detenido a reflexionar sobre ciertas preguntas radicales acerca del “conocimiento, la razón, la mente, la libertad, el destino, la identidad, Dios, la bondad, la justicia” (p.11). Para nuestro autor, dichas interrogantes surgen –al modo aristotélico, en el sentido de que “todo hombre desea conocer por naturaleza”- de manera natural (particularmente no sé si sea un hecho verificable o verificado, el que esas preguntan surjan de esta manera; aunque es irrelevante si consideramos que naturales o no, o naturales y construidas o no, son cuestiones que a más de uno lo han llevado al suicidio). Además son estas preguntas las que de alguna u otra manera “estructuran nuestra forma de pensar acerca del mundo y acerca del lugar que ocupamos en él” (p. 11).
Dicho esto, Blackburn parte de un “lugar común” que nadie en el “gremio de la filosofía” quisiéramos admitir: que en contextos no académicos, la sola palabra “filosofía” basta para que la asociemos con improductividad, inutilidad, esoterismo y hasta la famosa no-pertinencia (laboral, para efectos del “gran mercado”). Ante esta desafortunada situación, el filósofo de Cambridge proclama:
El filósofo estudia la estructura del pensamiento del mismo modo en que el ingeniero estudia la estructura de los objetos materiales (…) Éste es también nuestro objetivo cuando investigamos las estructuras que configuran nuestra visión del mundo. Nuestros conceptos o ideas constituyen el edificio mental en que vivimos. Puede que nos sintamos orgullosos de las estructuras que hemos construido, o bien podemos convencernos de que debemos desmantelarlas y empezar otra vez desde los cimientos. Pero antes que nada debemos saber en qué consisten.
Para el autor comentado, las preguntas fundamentales que de repente surgen en el momento menos pensado, se pueden clasificar en preguntas que nos hacemos acerca de nosotros mismos:
¿Qué soy?¿qué es la conciencia?¿puedo sobrevivir a mi muerte corporal?¿tengo certeza de que las experiencias y las sensaciones de los demás son como las mías? (…) ¿actuamos siempre de forma egoísta? ¿acaso soy una especie de títere que cree actuar libremente cuando en realidad sus actos están programados?,(…) preguntas acerca del mundo: ¿por qué existe algo y no la nada? (…) ¿por qué hay regularidades en la naturaleza? ¿presupone el mundo un Creador? (…). Finalmente, también hay preguntas acerca de nosotros y el mundo: ¿cómo podemos estar seguros de que el mundo es tal como creemos que es?¿qué es lo que convierte un campo de investigación en una ciencia? (…) ¿de dónde proviene nuestro conocimiento de los valores y los deberes?¿cómo podemos saber si nuestras opiniones son objetivas o meramente subjetivas?
El grave problema de estas interrogantes no es lo que preguntan, y tal vez ni siquiera la respuesta; el asunto aquí es saber a dónde dirigirnos para encontrar sus respuestas. Para nadie es desconocido que preguntas científicas “ordinarias” como ¿por qué existen los terremotos? Tienen respuesta a partir de que sabemos que dicha pregunta es susceptible de ser tratada y respondida a partir del quehacer científico, basado en la observación y la experimentación, por lo que a estas alturas nos habremos dado cuenta de que no sucede lo mismo con las preguntas filosóficas.
A la pregunta ¿de dónde surgen estas preguntas tan desconcertantes?, nuestro autor responde “de la autorreflexión”, entendiendo por ésta la capacidad del ser humano de reflexionar sobre sí mismo, sobre sus propios pensamientos. De esta manera “podemos preguntarnos si lo que decimos es <
Autorefutándose, el filósofo que nos ocupa plantea una cuestión que seguramente más de alguno nos la hemos hecho: ¿es acaso la reflexión lo que mundo?, es decir, nadie daría un quinto a nadie para que se dedique a “reflexionar”, al menos que como producto de la reflexión un solo niño se libre de morir por hambre…Blackburn nos ofrece 3 respuestas (“niveles de abstracción”, les llama) para justificar la necesidad de la autorreflexión:
La respuesta de “alto nivel abstractivo” es simple: reflexionamos porque necesitamos conocernos, comprendernos a nosotros mismos y necesitamos comprender y conocer lo que nos rodea…como se decía antes: necesitamos conocer la verdad profunda del ser humano y el cosmos.
Sobre esta respuesta, Blackburn está consciente que es una respuesta que no resulta muy convincente, y por lo mismo, está destinada para aquellos que ya tienen medio camino andado en las “oscuras artes de la filosofía”.
La respuesta de nivel medio parte de la premisa de que teoría y práctica son dos fases de una misma realidad, de tal manera que lo que pensamos influye sobre lo que hacemos, sobre el modo de hacerla, y hasta si haremos tal cosa o no. Un ejemplo bastante ilustrativo es el propuesto por el autor y que parafraseo: un cristiano –esforzado por ser coherente- que piensa que existe una vida después de la muerte corporal, seguramente estará dispuesto a soportar ciertos sufrimientos causados por la enfermedad o por la desgracia económica, con la esperanza de que los momentos de dolor son parte del proceso vital de cada persona. Cosa distinta podrá suceder con un ateo, quien al pensar que no hay más vida que la que tenemos, y que tal vida se debe vivir en lo posible sin dolor, decida que es tiempo de morir.
La respuesta de nivel bajo –como la llama el filósofo de Cambridge- plantea que la reflexión filosófica nos ayuda para estar alerta y denunciar, a partir del ejercicio crítico de la razón, a todos aquellos, personas e instituciones, que insisten en decirnos lo que debemos pensar y/ o creer, cuál es la religión que debemos profesar, qué tipo de gobierno nos conviene, que modelo económico y social debemos adoptar, ya que ellos saben qué es “lo mejor” para nosotros.
Otra cuestión de la que debemos tomar nota es que las preguntas filosóficas generalente no son bienvenidas. El temor de que queden descubiertos ciertos errores en algún edificio ideológico es grande, “las ideologías se convierten en círculos cerrados, siempre a punto para responder con indignación ante la mente inquisidora” (bueno, con respecto al tema de las ideologías, no está demás decir que algunos filósofos latinoamericanos consideran que ya la filosofía supone un punto de partida ideológico).
Simón Blackburn concluye confesándose respetuoso de la tradición y sospechoso de “cualquier escepticismo moderno o posmoderno sobre el valor de la reflexión” (lo que, prima facie, parecería contradictorio con las razones que aduce para justificar la propia reflexión filosófica):
La tradición filosófica (…) ha identificado la autorreflexión crítica con la libertad, de acuerdo con la idea de que sólo desde una adecuada comprensión de nosotros mismos podemos controlar la dirección en la que queremos ir. Sólo cuando contemplamos con prudencia nuestra propia situación, y la contemplamos como un todo, podemos comenzar a pensar en cambiarla.
Sin duda alguna, las razones por las que el filósofo del Reino Unido justifica la necesidad de la reflexión filosófica, parte de la premisa de que es sólo la filosofía la que tiene lo necesario para ofrecernos herramientas que nos permiten detectar, describir, analizar, desmontar, comprender y hasta proponer cambios en nuestra visión y sentido constitutivos del mundo que hemos ido construyendo al paso de los siglos. Nunca estará demás hacer un alto en el camino y someter a “escaneo” y análisis filosófico nuestras propias creencias, valores e ideas que sobre el mundo, sobre Dios y sobre nosotros mismos nos hemos hecho, para saber de dónde han venido, en qué consisten y qué tan fundamentadas están…aunque sospecho que para que tal ejercicio tenga éxito, necesitaremos algún(@s) interlocutor@s...tal vez porque la filosofía nació con una dimensión dialógica como parte constituva de la misma.
jueves, 18 de noviembre de 2010

Se convoca a las Jornadas Filosóficas
Tepic, Nayarit, 18 de noviembre de 2010. El programa académico de Filosofía, de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), llevará a cabo las jornadas filosóficas, noviembre 2010, denominadas "Re-filosofando la filosofía", los días 23, 24 y 25 del actual mes, cuyo propósito es celebrar el día de la filosofía e ir planteando una serie de actividades de carácter académico y de divulgación.
Raúl Alamillo, coordinador del mencionado programa académico explicó, que la UNESCO decretó desde el 2002 el día internacional de la filosofía, como un espacio donde se puedan plantear una serie de análisis sobre el papel de la filosofía en el contexto contemporáneo actual; "ciertamente ésto es dar pie a propiciar otras reflexiones con respecto a la ciencia, cultura, política, educación, entre otras", agregó.
La inauguración de las jornadas "Re-filosofando la filosofía", se efectuará en el aula magna del área de Ciencias Sociales y Humanidades, como parte de las actividades se ofrecerán las conferencias magistrales "El sexo de la ciencia" y "El lugar de la argumentación en filosofía y los tipos de argumentación filosófica".
Además se realizará la presentación del libro "Introducción a la teoría de la argumentación" y se discutirán ideas en el panel de diálogo "Re-filosofando la filosofía".
http://www.uan.edu.mx/comunicacion/comunicado/2010/11/3563/
PROGRAMA ACADÉMICO DE FILOSOFÍA
CRONOGRAMA DE ACTIVIDADES ACADÉMICAS, NOVIEMBRE 2010.
MARTES 23
INAUGURACIÓN DE LAS JORNADAS DE FILOSOFÍA 2010:
“REFILOSOFANDO LA FILOSOFÍA”
M.E.S. PATRICIA RAMÍREZ (COORD. ÁCSYH) AULA MAGNA DEL ÁREA DE SOCIALES Y HUMANIDADES
04:30PM A 5:00PM
CONFERENCIA MAGISTRAL:
“LA MUJER EN LA CIENCIA”
IMPARTE: DRA. LOURDES PACHECO AULA MAGNA DEL ÁREA DE SOCIALES Y HUMANIDADES
05:00PM A 06:30PM
PRESENTACIÓN DEL LIBRO:
“LA MUJER EN LA CIENCIA”
AULA MAGNA DEL ÁREA DE SOCIALES Y HUMANIDADES
06:45PM A 07:30PM
MIÉRCOLES 24 PANEL DE DIÁLOGO:
RE-FILOSOFANDO LA FILOSOFÍA
PARTICIPAN:
JOSÉ LUIS OLIMÓN
CECILIA LICEA ORTEGA
RICARDO LUQUE
ANGEL GONZÁLEZ DELGADO AULA MAGNA DEL ÁREA DE SOCIALES Y HUMANIDADES
05:00PM A 7:30PM
JUEVES 25 CONFERENCIA MAGISTRAL:
“EL PAPEL DE LA ARGUMENTACIÓN EN LA FILOSOFÍA Y TIPOS DE ARGUMENTOS”
IMPARTE: DR. FERNANDO LEAL CARRETERO AUDITORIO UNIDAD ACADÉMICA DE DERECHO
11:30AM A 01:00PM
PRESENTACIÓN DEL LIBRO:
“INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN”
PRESENTAN:
DR. CUAUHTÉMOC MAYORGA
MTRA. CECILIA LICEA AUDITORIO UNIDAD ACADÉMICA DE DERECHO
01:00PM A 01:40PM
CLAUSURA DE LAS JORNADAS
MTRO. RAFAEL HERNÁNDEZ NAVARRETE
DIR. ADMVO. DEL ÁCSYH AUDITORIO UNIDAD ACADÉMICA DE DERECHO
01:40
sábado, 9 de octubre de 2010
“…el hombre es el peor Dios que existe”. Conversación con Hilary Putnam

Hilary Putnam (Chicago, 1926) en diálogo con Giovanna Borradori
Respecto de otros filósofos estadounidenses contemporáneos usted parece más animosidad respecto de la corriente de orientación analítica, incluso habiendo sido usted mismo un pensador analítico por un buen número de años. ¿A qué se debe esto?
Pienso que mi formación, como la de todos los jóvenes filósofos de la posguerra, se basó sobre lo que era necesario ignorar absolutamente como no-filosofía. Fuimos educados para rechazar los textos y los autores, más que para dejarnos apasionar. Creo que es una tendencia equivocadísima, que debería ser borrada de cualquier escuela, movimiento o departamento de filosofía.
Entonces es casi una forma de censura. ¿Cuáles eran los autores prohibidos?
Entre los filósofos posanalíticos usted es, quizás, el único que ha desarrollado un fuerte interés teológico, orientado a la recuperación de la tradición hebraica. ¿Cómo un lógico de formación, como usted, en cierto momento recuperó el lugar central de Dios, del misticismo y de la interpretación del texto sagrado?
(…) El sentido de lo sagrado es un asunto muy importante, pero no necesariamente bueno. Por esta razón en el siglo pasado se comenzó a decir: es necesario dejar de creer en lo sagrado. Y no alcanzaron a correr cien años para que hubiera dos dictadores terribles, ambos ateos: Stalin y Hitler.
No se trata, entonces, exactamente de religión. Su hebraísmo es algo un poco diverso…
Sí, creo que religión es una palabra inadecuada. Mi adhesión a la tradición hebrea representa un sentido del límite. Es casi un cliché citar el Talmud, pero a mí me gusta hacerlo todavía. Dice más o menos: no depende de nosotros acabar la tarea, pero tampoco somos libres de no llevar la carga. Para mí la religión significa, justamente, reflexionar sobre el sentido del límite humano. El problema del humanismo, como se ha desarrollado de Feuerbach en adelante, ha significado la deificación del hombre. Como Ben Schwartz, pienso que el hombre es el pero dios que hay.
Borradori, G. (1996) Conversaciones filosóficas. El nuevo pensamiento norteamericano. Santafé de Bogotá: Norma, pp. 92-93; 101-102, citado en Reale, G. y Antiseri, D. (2009) Historia de la Filosofía. Vol. 7: De Freud a nuestros días, Bogotá: San Pablo, pp. 355-356.
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