jueves, 13 de agosto de 2009

CARITAS IN VERITATE...






El pasado 17 de julio del presente año fue publicada la Carta Encíclica Caritas in veritate (en adelante CV) escrita por el Papa Ratzinger (Benedicto XVI). El contexto de dicho escrito son los 40 años de la publicación de otra encíclica: Populorum Progressio (El progreso de los pueblos) de Pablo VI, ambas con un carácter eminentemente social, es decir, que reflexionan sobre temas que trascienden la vida y las costumbres de fe de los cristianos: cuestiones sociales, económicas, políticas, éticas…


Entiendo perfectamente que la primera impresión es que este documento del actual Primado de Roma pueda y deba ser de interés sólo para los cristianos; concedo a cambio de admitir que no sólo a los cristianos, por cuanto que las reflexiones de dicha carta contienen valiosísimos elementos de carácter eminentemente filosóficos, y en cuanto que éstos, racionales, y así, de validez para todos los seres humanos.


En los siguientes post me dispongo a ofrecer algunos extractos de dicho documento, mismo que está disponible en la web. Una propuesta es consultarlo en www.aciprensa.com (concretamente en el link http://www.aciprensa.com/Docum/benedictoxvi/documento.php?id=251) o en la página oficial del Vaticano www.vatican.va (en el link http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate_sp.html ).

Espero sus comentarios, reflexiones y cuestionamientos


 "El hombre no se desarrolla únicamente con sus propias fuerzas, así como no se le puede dar sin más el desarrollo desde fuera. A lo largo de la historia, se ha creído con frecuencia que la creación de instituciones bastaba para garantizar a la humanidad el ejercicio del derecho al desarrollo. Desafortunadamente, se ha depositado una confianza excesiva en dichas instituciones, casi como si ellas pudieran conseguir el objetivo deseado de manera automática. En realidad, las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos. Este desarrollo exige, además, una visión trascendente de la persona, necesita a Dios: sin Él, o se niega el desarrollo, o se le deja únicamente en manos del hombre, que cede a la presunción de la auto-salvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado" (CV 11)

"La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. Ésta nace de una vocación transcendente (…)" (CV 19)


 "Pablo VI tenía una visión articulada del desarrollo. Con el término «desarrollo» quiso indicar ante todo el objetivo de que los pueblos salieran del hambre, la miseria, las enfermedades endémicas y el analfabetismo (…) sin embargo, se ha de reconocer que el desarrollo económico mismo ha estado, y lo está aún, aquejado por desviaciones y problemas dramáticos, que la crisis actual ha puesto todavía más de manifiesto. Ésta nos pone improrrogablemente ante decisiones que afectan cada vez más al destino mismo del hombre, el cual, por lo demás, no puede prescindir de su naturaleza. Las fuerzas técnicas que se mueven, las interrelaciones planetarias, los efectos perniciosos sobre la economía real de una actividad financiera mal utilizada y en buena parte especulativa, los imponentes flujos migratorios, frecuentemente provocados y después no gestionados adecuadamente, o la explotación sin reglas de los recursos de la tierra, nos induce hoy a reflexionar sobre las medidas necesarias para solucionar problemas que no sólo son nuevos respecto a los afrontados por el Papa Pablo VI, sino también, y sobre todo, que tienen un efecto decisivo para el bien presente y futuro de la humanidad" (CV 21)

 "La actividad económica y la función política se movían en gran parte dentro de los mismos confines y podían contar, por tanto, la una con la otra. La actividad productiva tenía lugar predominantemente en los ámbitos nacionales y las inversiones financieras circulaban de forma bastante limitada con el extranjero, de manera que la política de muchos estados podía fijar todavía las prioridades de la economía y, de algún modo, gobernar su curso con los instrumentos que tenía a su disposición.


Hoy, aprendiendo también la lección que proviene de la crisis económica actual, en la que los poderes públicos del Estado se ven llamados directamente a corregir errores y disfunciones, parece más realista una renovada valoración de su papel y de su poder, que han de ser sabiamente reexaminados y revalorizados, de modo que sean capaces de afrontar los desafíos del mundo actual, incluso con nuevas modalidades de ejercerlos. Con un papel mejor ponderado de los poderes públicos, es previsible que se fortalezcan las nuevas formas de participación en la política nacional e internacional que tienen lugar a través de la actuación de las organizaciones de la sociedad civil; en este sentido, es de desear que haya mayor atención y participación en la res publica por parte de los ciudadanos" (CV 24)


 "El mercado, al hacerse global, ha estimulado, sobre todo en países ricos, la búsqueda de áreas en las que emplazar la producción a bajo coste con el fin de reducir los precios de muchos bienes, aumentar el poder de adquisición y acelerar por tanto el índice de crecimiento, centrado en un mayor consumo en el propio mercado interior. Consiguientemente, el mercado ha estimulado nuevas formas de competencia entre los estados con el fin de atraer centros productivos de empresas extranjeras, adoptando diversas medidas, como una fiscalidad favorable y la falta de reglamentación del mundo del trabajo. Estos procesos han llevado a la reducción de la red de seguridad social a cambio de la búsqueda de mayores ventajas competitivas en el mercado global, con grave peligro para los derechos de los trabajadores, para los derechos fundamentales del hombre y para la solidaridad en las tradicionales formas del Estado social. Los sistemas de seguridad social pueden perder la capacidad de cumplir su tarea, tanto en los países pobres, como en los emergentes, e incluso en los ya desarrollados desde hace tiempo. En este punto, las políticas de balance, con los recortes al gasto social, con frecuencia promovidos también por las instituciones financieras internacionales, pueden dejar a los ciudadanos impotentes ante riesgos antiguos y nuevos; dicha impotencia aumenta por la falta de protección eficaz por parte de las asociaciones de los trabajadores "(CV 25)
"El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. Es decir, falta un sistema de instituciones económicas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales, provocadas por causas naturales o por la irresponsabilidad política nacional e internacional" (CV 27)
"La situación de pobreza no sólo provoca todavía en muchas zonas un alto índice de mortalidad infantil, sino que en varias partes del mundo persisten prácticas de control demográfico por parte de los gobiernos, que con frecuencia difunden la contracepción y llegan incluso a imponer también el aborto. En los países económicamente más desarrollados, las legislaciones contrarias a la vida están muy extendidas y han condicionado ya las costumbres y la praxis, contribuyendo a difundir una mentalidad antinatalista, que muchas veces se trata de transmitir también a otros estados como si fuera un progreso cultural.

Algunas organizaciones no gubernamentales, además, difunden el aborto, promoviendo a veces en los países pobres la adopción de la práctica de la esterilización, incluso en mujeres a quienes no se pide su consentimiento. Por añadidura, existe la sospecha fundada de que, en ocasiones, las ayudas al desarrollo se condicionan a determinadas políticas sanitarias que implican de hecho la imposición de un fuerte control de la natalidad (...)

"Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social (...) "(CV 28)
"El ser humano no es un átomo perdido en un universo casual, sino una criatura de Dios, a quien Él ha querido dar un alma inmortal y al que ha amado desde siempre. Si el hombre fuera fruto sólo del azar o la necesidad, o si tuviera que reducir sus aspiraciones al horizonte angosto de las situaciones en que vive, si todo fuera únicamente historia y cultura, y el hombre no tuviera una naturaleza destinada a transcenderse en una vida sobrenatural, podría hablarse de incremento o de evolución, pero no de desarrollo" (CV 29)

Baste por ahora para dejar el scriptorium...

jueves, 9 de julio de 2009

REDES SOCIALES: LA PARADOJA DE LA CONVIVENCIA HUMANA






Parafraseando a un filósofo, diría que no estar dado de alta en una red hoy, es estar condenado a perecer...como individuo y como "zoon politikón". Hoy la sociedad tecnificada está asistiendo al boom de las redes sociales digitales, de manera particular los jóvenes, quienes han encontrado en ellas un medio más para comunicarse con los demás (el punto es que ahora ya es EL medio y no UN medio más). La cuestión es que no es así de simple como se escucha: detrás de una red social se esconde una premisa que no es del todo verdadera: pensar que "per se" una red social digital nos permitirá entablar, o en su caso, reforzar lazos de amistad, de convivencia y ¿por qué no?, hasta permitirnos entablar una relación de carácter romántica.

Está claro que los arquitectos de dichas redes conocen muy bien que en todo ser humano está inscrita la necesidad de comunicarse, es decir, de proyectarse existencialmente hacia el Otro (Dios u otra persona) y esperar reciprocidad en esa autodonación existencial...la cuestión es si una red social como Facebook, o cualquier otra, posibilita tal evento. ¿Cómo darnos cuenta de que es casi un insulto a la inteligencia el hecho de que a la semana de mi registro ya tenga cinco personas que "quieren ser mis amigos"...¿como prevenir que nuestra necesidad de expresarnos no sea en realidad una manera de exhibicionismo inconsciente, o mi deseo de "conocer amigos" sintiéndome un "ciudadano global" sea una forma de voyeurismo?...quizá alguien diga que "todos tenemos algo de eso"...sea cierto o no, el punto es que bajo cualquier "ismo" se esconde la inconsciente necesidad de instrumentalizar al otro para satisfacer alguna necesidad propia...un hecho evidente de lo anterior es cuando se prescinde de nuestras relaciones reales o de las posibilidades de ellas (vecinos, compañeros de escuela, de trabajo) para sólo "cultivar" las relaciones "virtuales", que tienen una grandiosa y paradójica "ventaja": no me miran a los ojos, no me interrogan ni cuestionan mis decisiones, no leen mi lenguaje no verbal, y no me exigen "exclusividad" ni compromisos existenciales de ningún tipo, más allá de responder las invitaciones de "abrazos", "besos", regalos" y otros...no es que esté en contra de las redes sociales, sino del falso encantamiento que pueden ejercer sobre una mente no crítica.

martes, 23 de junio de 2009

El papel de la filosofía en el bachillerato

César Ricardo Luque Santana

A propósito de los últimos acontecimiento en torno de la Reforma del Bachillerato, donde las autoridades educativas rectificaron su postura respecto de la exclusión de la filosofía, la victoria histórica alcanzada por la comunidad filosófica del país encabezada por el Observatorio Filosófico de México (OFM) no está todavía completada. Así lo han señalado algunas voces, entre ellas la de Gabriel Vargas Lozano coordinador del OFM, quien advierte que al parecer todavía es posible que se trate de hacer pasar algunas materias como filosóficas sin realmente serlo, además de que es necesario que se vaya generando la posibilidad de que los egresados de la carrera de filosofía sean quienes asuman la responsabilidad de las asignaturas filosóficas en el bachillerato, aspecto en el cual deberán de trabajar las licenciaturas en filosofía en su diseño curricular. Además, coincide con otras opiniones de que es necesario hacerle frente a las políticas educativas del neoliberalismo que intentan socavar el pensamiento crítico, orientando al mismo tiempo la formación educativa con criterios mercantiles.

Para retomar estas preocupaciones, es necesario organizarse no sólo para defender nuestros derechos gremiales como comunidad filosófica, sino también para defender las libertades democráticas que sólo pueden darse auténticamente a partir del pensamiento crítico. Así entonces, la defensa de la filosofía debe hacerse desde varios frentes, siendo uno de ellos, reflexionar sobre la problemática de la educación filosófica en el nivel medio superior para identificar los factores que la obstaculizan y determinar cómo podemos resolverlos. En otras palabras, en esta reflexión sólo me abocaré a plantear dos o tres asuntos a este respecto partiendo de la sugerencia del profesor Raúl Alamillo (coordinador de la novel licenciatura en filosofía de la Universidad Autónoma de Nayarit) quien propuso una plática entre profesores y estudiantes de filosofía con el tema de la filosofía en el bachillerato, preguntando si ésta es útil o necesaria, es decir, cómo tendríamos que justificarla.

Para empezar, diré que parece una condena que siempre estemos justificando la filosofía no obstante el papel histórico innegable que ella ha jugado desde siempre en el progreso del conocimiento. Parece que los peores estereotipos e incomprensiones se yerguen siempre contra ella, por ejemplo, considerar que es una suerte de especulación gratuita o algo que pertenece al pasado como pieza de museo. Debo decir que este tipo de prejuicios no son nuevos, ya Platón hace mención del primero en uno de sus diálogos cuando Sócrates recibe el reproche de un sujeto mediocre pero avezado en los negocios quien le dice que el filosofar es cosas de niños en el sentido de que no permite hacer riqueza, o la anécdota de Tales de Mileto que se cayó a un pozo por ir mirando las estrellas, lo que dio lugar al estereotipo de que el filósofo es un personaje abstraído de este mundo, y en fin, muchas otras situaciones parecidas que abonan en una serie de prejuicios en torno a la filosofía, aunque en el fondo, está la molestia que ocasiona su función crítica, de lo cual también hay muchos testimonios históricos, al grado que José Ortega y Gasset llegó a plantear que el nombre de filosofía surgió como un disfraz contra todos aquellos que se molestaban por su carácter crítico.

Por ello tiene sentido el planteamiento inicial del profesor Alamillo para el cual doy dos respuestas. Una, que debemos de desterrar la idea de utilidad en el sentido productivista o mercantilista. En efecto, la filosofía no procura ese tipo de utilidad, por eso, ante la pregunta que les hicieron a los filósofos antiguos de por qué los filósofos acuden con los ricos pero éstos no acuden con los filósofos, la respuesta fue: porque los filósofos si sabemos de que carecemos pero los ricos no. En este sentido, la filosofía no es útil en términos pragmáticos, pero si es necesaria porque proporciona una formación en las personas tendientes a hacerlos libres, independientes, reflexivos, desprejuiciados, etc., en suma, para que se realicen como seres humanos plenos.

Sin embargo, es evidente que la existencia de un conjunto de asignaturas en el bachillerato no garantiza por sí misma que esta formación se dé realmente. Incluso sucede a veces lo contrario al grado de que muchos estudiantes terminan vacunados contra la filosofía. Esto sucede porque su enseñanza está en lo general en manos de diletantes que en el mejor de los casos, hacen un esfuerzo por hacer bien su trabajo, pero que carecen de la formación filosófica adecuada para ello. Tampoco creo que el sólo hecho de que la enseñanza de las asignaturas filosóficas esté en manos de los licenciados en filosofía resuelva todo el problema, aunque supongo que habría una notable mejoría.

Por ello, es necesario considerar la formación didáctico-pedagógica de los licenciados en filosofía, aunque tampoco creo que sea suficiente para garantizar una docencia más creativa. Desde luego que este es otro paso a favor, pero es importante que los estudiantes de filosofía desde su condición de estudiantes universitarios traten de aprender atreviéndose a pensar como decía Kant, se asuman como agentes activos y traten de interactuar, pues se corre el riesgo que terminen reproduciendo las deficiencias didácticas de sus profesores. Mi impresión es que los profesores de las carreras de filosofía dan por sentado que los alumnos deben de hacer la parte que les corresponde y si no, tendrán que pagar las consecuencias. Pero con estudiantes de nivel preparatoriano, si es necesario procurar otras formas de trabajo que puedan hacer atractiva la enseñanza de la filosofía sin quitarle seriedad.

Aquí hay mucho trabajo por hacer, y afortunadamente, ya hay muchas propuestas que es necesario considerar, desde las aportaciones que el programa de filosofía para niños ha venido haciendo exitosamente, también las estrategias de las consultorías o terapias filosóficas, los usos de sitios de filosofía en el Internet o la creación de espacios virtuales, además de muchos textos creativos que se han elaborado en los últimos años, etc.

Lo importante es entender que la formación filosófica y pedagógica no se agota en la licenciatura sino que se va construyendo también en la experiencia personal, en los espacios de trabajo colegiado entre pares y en la formación escolar en los posgrados. Por ello, es importante que los egresados se mantengan organizados para que tengan sus espacios para seguir creciendo en lo profesional y para pugnar por los espacios de trabajo que les corresponden. Con este tipo de acciones es como creo que se debe de defender a la filosofía.

viernes, 19 de junio de 2009

Votar o no votar…la cuestión es ¿para qué?

Raúl Alamillo Gutiérrez

Con motivo de las elecciones próximas a celebrarse el 5 de julio, se han dejado escuchar las voces de ciertos grupos organizados invitando a la ciudadanía a anular su voto, como una manera “no convencional” (aunque prevista de alguna manera en el COFIPE) de participar en la democracia con el objeto de manifestar su hartazgo hacia los políticos y en general hacia el sistema de partidos.
Dichas voces, con independencia de que no estén convocados en un gran movimiento nacional, evidencia el grado de desencanto y hasta de aversión que muchos mexicanos experimentan ante todo aquello que tenga que ver con la política partidista y con los políticos. Se piensa y se asume vitalmente que hoy los partidos políticos han abdicado a la representación popular, convirtiéndose en una especie de entidades que operan “contra natura”, autorefutándose; ergo, ven sólo por la consecución de sus propios intereses, a lo que habría que agregar la gran demanda nacional: rendición de cuentas.
Por si esto fuera poco, parece que no se avizora ningún atisbo de disposición –consciente o impuesto por la ciudadanía- de querer entrar a una discusión o debate serio y profundo sobre lo que se ha dado en llamar “ciudadanización de la democracia”, que en esencia no es más que la aspiración a un ejercicio democrático participativo, que, si bien no niegue, sea parte integral del ejercicio de la democracia, que hasta ahora ha sido reducida al ámbito representativo, hablamos de las candidaturas ciudadanas, el referéndum, el tema de la segunda vuelta, la reelección, etc.
Contra este movimiento pro-voto en blanco, se han alzado las voces “oficialistas” de los candidatos y dirigentes partidistas, así como de diversos opinólogos –que no analistas- planteando sustancialmente que el voto nulo representa un retroceso a la democracia por cuanto que estamos renunciando a un derecho que hemos conquistado, y que, luego entonces, el no votar se traduce en “no exigir”: a esto habría que decir que una vez que resultan electos los candidatos, deben gobernar para todos, sino tampoco tendrían derecho de exigir los que votaron por otro partido distinto al ganador. También se aduce que el voto en blanco sólo asegurará el triunfo a los partidos de siempre que tienen un baúl de votos duros listos para cualquier elección: el punto es que, todo indica que con o sin voto en blanco, dichos partidos “de siempre” ganarán.
Lo anterior deja en claro una cosa…electoralmente el voto en blanco será un ejercicio estéril: no ocurrirá que estos votos –nulos para efectos electorales- declaren “desierta” una elección. Pero se parte de la premisa de que tal movimiento no pretende un impacto electoral, cuanto socio-político y mediático, de tal manera que deje en claro que la sociedad hoy está literalmente hastiada, cansada, enojada ante la mediocridad, la insensibilidad, la incompetencia, la deshonestidad, deslealtad y vacuo patriotismo de nuestros políticos… cabrá esperar que dichas voces no sean “flor de un día” y vuelvan a aparecer como los políticos ante la ciudadanía: cada tres años o hacer lo que los mexicanos sabemos hacer mejor: quejarnos y mentar madres desde la comodidad de nuestra casa.

sábado, 9 de mayo de 2009

LA DICTADURA DEL RELATIVISMO


La dictadura del relativismo
Jaime Nubiola Profesor de Filosofía Universidad de Navarra
4 de junio de 2005 La Gaceta de los Negocios (Madrid)

http://www.fluvium.org/textos/cultura/cul264.htm



Fue un comentario poco atinado
Hace unas pocas semanas, en la misa previa al cónclave en el que había de ser elegido el nuevo papa, el entonces cardenal Ratzinger denunciaba con fuerza los vientos de relativismo que azotan nuestra sociedad occidental en las últimas décadas. El relativismo se ha convertido en una actitud de moda, mientras que "tener una fe clara según el credo de la Iglesia católica" es despachado a menudo como fundamentalismo.
"Se va constituyendo –concluía– una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja sólo como medida última al propio yo y sus apetencias".
La expresión que acabo de subrayar, "dictadura del relativismo", llamó de inmediato la atención tanto de la audiencia como de la prensa, pues mostraba de manera bien gráfica la formidable capacidad poética del futuro papa que con sólo tres palabras diagnosticaba la enfermedad de la sociedad europea.
Algún periodista nacional consideró que esa expresión era un concepto absurdo, una contradicción in terminis, sin caer en la cuenta de que la combinación de esas dos palabras compone una figura literaria de enorme fuerza expresiva. Como es sabido, se trata de la figura denominada oxímoron, (del griego oxys, agudo, y moros, romo, estúpido), en la que mediante la yuxtaposición de dos palabras de significado opuesto se logra expresar un nuevo sentido, un contraste difícilmente alcanzable de otra manera: todos hemos empleado expresiones como "silencio atronador", "luminosa oscuridad", "graciosa torpeza" y tantas otras expresiones parecidas que llenan de sentido y viveza nuestra comunicación. Cuando el futuro Benedicto XVI hablaba de la dictadura del relativismo lo que estaba expresando con brillantez poética es que en nuestra avanzada cultura democrática se está imponiendo por vía de fuerza el principio de que todas las opiniones valen lo mismo, y por tanto, que nada valen en sí mismas, sino sólo en función de los votos que las respaldan.
Eso sí, decidido y sin complejos
Aquel mismo periodista argumentaba que "el relativismo es el alma viva del conocimiento científico". Y, exhibiendo un notable desconocimiento de la efectiva práctica científica, añadía: "Sólo quien duda de la exactitud de sus ideas puede sentirse impelido a ponerlas a prueba y, llegado el caso a descartarlas, o a restringir su campo de validez, abriendo paso a ideas nuevas, ellas mismas cuestionables". Nada más alejado de la realidad de la ciencia que esta caricatura. El científico no es nunca un relativista, no piensa que su opinión valga lo mismo que cualquier otra, y, si es un científico honrado, está deseoso de someter su parecer al escrutinio de sus iguales y de contrastarlo con los datos experimentales disponibles. El buen científico está persuadido de que su opinión es verdadera, que es la mejor verdad que ha logrado alcanzar, a veces con mucho esfuerzo. El científico sabe también que su opinión no agota la realidad, sino que casi siempre puede ser rectificada y mejorada con más trabajo suyo y con la ayuda de los demás.
América no tan mal
En contraste con el periodista español, una conocida columnista del New York Times descalificaba al nuevo Papa como un absolutista, como "un archiconservador del Jurásico que desdeña la cultura del 'si te parece bien, hazlo' y las tendencias revolucionarias nacidas en los años 60 en favor de la diversidad y la apertura cultural". Maureen Dowd en su artículo aliaba al nuevo Benedicto XVI con el vicepresidente Dick Cheney en la batalla contra el progresismo liberal norteamericano, del que el New York Times es quizá su portaestandarte. Esta visión muestra bien el localismo miope de la prensa norteamericana, pero sugiere también que el relativismo que denunciaba el cardenal Ratzinger no ha afectado a los Estados Unidos tan profundamente como a Europa. Como reconocía la propia Dowd, citando al profesor de Utah, Bruce Landesman, "quienes sostienen posiciones progresistas no son relativistas. Simplemente están en desacuerdo con los conservadores acerca de qué es lo bueno y lo malo".
Efectivamente, en el corazón de la sociedad americana se encuentra la convicción de que la democracia es una concepción ética, presidida por un uso comunitario de la razón. En una democracia los asuntos se discuten hasta la saciedad y si no se llega a un acuerdo razonable son finalmente los jueces quienes deciden acerca de la moralidad de un determinado modo de proceder. En una organización democrática la noción de verdad ha de estar en el centro de la vida pública. Si no hay verdad, no es posible el debate porque la discusión deja de ser un proceso de búsqueda y se transforma meramente en una tramoya del poder. Si no hay verdad, si todas las opiniones valen lo mismo, pierde todo su sentido el pluralismo democrático.
Pluralismo es una cosa y relativismo otra bien diferente
No es verdad que todas las opiniones merezcan el mismo respeto. Quienes merecen todo el respeto del mundo son las personas, pero no sus opiniones. Al contrario, tenemos la obligación de ayudar a los demás a mejorar sus opiniones, a cambiar sus convicciones, exhibiendo las razones que asisten a nuestras posiciones morales y sociales para permitirles que se pasen, si lo desean, a nuestro lado. En este sentido, es importantísimo distinguir con claridad entre pluralismo y relativismo. Mientras que el relativista no tiene interés en escuchar las opiniones de los demás, quien ama el pluralismo no sólo afirma que caben diversas maneras de pensar acerca de las cosas, sino que sostiene además que entre ellas hay –en expresión de Stanley Cavell– maneras mejores y peores, y que mediante el contraste con la experiencia y el diálogo los seres humanos somos capaces casi siempre de reconocer la superioridad de una opinión sobre otra y de adherirnos a ella.
En última instancia, un relativismo como el que crece actualmente en Europa corroe la democracia, porque clausura el diálogo y acaba con el pluralismo. Precisamente un día antes del fallecimiento de Juan Pablo II, el entonces cardenal Ratzinger afirmaba en Subiaco que "Europa ha desarrollado una cultura que, de modo desconocido antes de ahora para la humanidad, excluye a Dios de la consciencia pública". Y añadía: "En Europa se ha desarrollado una cultura que constituye en absoluto la contradicción más radical no sólo del cristianismo, sino de las tradiciones religiosas y morales de la humanidad". En sus palabras se advertía de manera luminosa que el relativismo de nuestro tiempo, hijo bastardo de la Ilustración, era el punto de partida de la cancelación de Dios en la vida pública.
El contraste –aquí meramente apuntado– entre el pluralismo norteamericano (In God we trust) y el relativismo europeo es sólo una caricatura, pero ayuda a entender bien aquel sugerente oxímoron de la "dictadura del relativismo" del que hablaba con preocupación el cardenal Ratzinger en la víspera del cónclave. El relativismo es probablemente la enfermedad más grave de la sociedad europea en el momento presente y considerar la enfermedad como algo saludable es en verdad la peor de las dictaduras.